lunes, 24 de septiembre de 2018

Cuatro churros, 90 céntimos; tres porras, 90 céntimos

Desayuna en la cafetería del Congreso, precios populares

@sueldospublicos


Churros
Un churro suelto cuesta 25 céntimos en el Congreso.
Existe un 'local' en el que sirven comida y bebida a precios de hace veinte años, por lo menos.

350 diputados, asesores y resto de empleados públicos, periodistas, invitados o cualquier persona que esté acreditada o no, como diría en gallego Mariano Rajoy, son los que pueden disfrutar de precios subvencionados para desayunar, almorzar, comer, merendar y cenar en el Congreso de los Diputados. Entre ratos muertos, también se incluyen los cafés de primera hora, el de las once, el de sobremesa y lo que el estómago aguante. ¿Qué te apetece una caña a las nueve de la mañana? El Congreso dispone, el contribuyente paga una parte y el diputado bebe. A tu salud. Total, 0,95 euros de barril y en copa pequeña. ‘Tirao de precio’.


Pero visto el jaleo que se ha originado, rectificar es de sabios. Eso sí, a medias. La Mesa del Congreso ha aprobado este martes, por unanimidad, a propuesta del presidente de la Cámara, Jesús Posada, excluir de la lista de precios tasados de las cafeterías las bebidas alcohólicas de alta graduación. Eso de alta graduación significa que las cervezas y las copas de vino sí seguirán subvencionadas. En fin, quien no se consuela es porque no quiere. Míralo por otro lado, el popular calimocho puede salir barato. Si ves a un diputado que entra al Congreso, pásale una garrafa y que te la llene, de lo que sea. Contrabando se ha hecho toda la vida.


Ya conoces la polémica del tema. Solo vamos a mencionar algunas cosas curiosas que publica el Diario Oficial de las Cortes Generales. El 23 de mayo este documento se cubrió de gloria con los detalles del contrato de explotación del servicio de cafetería y restauración del Congreso de los Diputados, en otros tiempos, llamada Casa del Pueblo. Y tan de pueblo, ya te digo, diría mi vecino. Ni que se celebraran fiestas patronales en el hemiciclo. El poder adquisitivo de sus señorías en comparación con las tarifas de estos productos y servicios respecto de lo que nos podemos encontrar en cualquier bar de la esquina de la capital de España arroja un diferencial estratosférico. Vamos, que hacer un botellón en la Carrera de San Jerónimo sí que sale a cuenta. A cuenta de los ciudadanos, claro.


El chollo es evidente. Además de lo del primer plato, segundo, postre, combinación de primeros o segundos, los usuarios que consuman un menú completo del autoservicio -nueve euros o 10,80 IVA incluido - “podrán repetir, sin recargo, del primer plato que hayan elegido, siempre que sea de cuchara”. Pero tranquilo, que si a sus señorías y otro personal que va y viene o se pasea no le gusta el susodicho consomé o caldito, la empresa le facilita como alternativa “un bufé de ensaladas para que el usuario pueda confeccionarla a su gusto”. Es enternecedor. Si no te gusta, la mamá te hace otra cosa para que el nene coma bien. A eso, en mi pueblo -seguimos con el pueblo- se le llama niño malcriado.


Si te das cuenta, estamos subvencionando doblemente el gasto de nuestros diputados. Es decir, los parlamentarios reciben 870 euros libres de impuestos todos los meses o 1.823, si son de provincias para gastos de manutención y alojamiento. Ese dinero es para viajes, hoteles. Para gastos, en definitiva. Lo que se pretende es que la actividad cotidiana no merme el sueldo neto que perciben. Pero además, cobran 120 euros en dietas diarias en territorio nacional. 150 si se mueven en otro país. En suma, pese a cobrar una parte de su salario exento de tributación encima tenemos que subvencionar doblemente su manutención: indemnización y precios populares.


Un desayuno con porras

Cuatro churros cuestan 90 céntimos. Tres porras, 90 céntimos. En un puesto de venta ambulante, una docena de churros puede costar cinco o seis euros perfectamente. Un churro suelto son 25 céntimos, una porra, 0,35 euros. ¿Y qué me dices del café con leche?


Un cubata o cuba libre les cuesta a sus señorías 3,40 euros. Como hemos mencionado, estos precios que en teoría entran en vigor a final de año se han quedado obsoletos. La empresa adjudicataria podrá poner la tarifa que le venga en gana. No estarán subvencionados con dinero público. En la verbena de un pueblo de Jaén, en plenas fiestas patronales, -volvemos al pueblo- los vendían a dos euros. En un pub te pueden pedir cuatro, cinco, seis y siete euros. En una discoteca, de siete para arriba, seguro. 


Quitan subvenciones, becas y ayudas, pero el alcohol, aunque sean cañas y copas de vino, continúa becado en el Parlamento. Un master les daba yo… en toda la cara.

Fuente de la fotografía.

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